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VIERNES SANTO

La noche del Calvario

 

Esta mañana hemos salido de nuevo a tu encuentro.

Como lo haríamos con un amigo, o un hermano al que amamos

y que sabemos sumido en la prueba y el dolor,

te preguntamos cómo has pasado la noche.

No esperamos respuesta: la noche ha sido mala, dolorosa, abrumadora.

 

Permítenos, oh Jesús, acompañarte a lo largo de tu camino.

Permítenos, Jesús, seguir tus pasos.

 

Tu silencio no nos basta.

Queremos penetrar en tu alma, saber lo que en ella pasa;

queremos que se esclarezca el misterio de tu cruz;

queremos penetrar el misterio de la Redención.

 

Oh Jesús, luz, camino y vida nuestra,

seguimos tus pasos con todo nuestro amor,

con nuestro deseo de conocerte,

con nuestra necesidad de asemejarnos a ti.

Enséñanos.

Que la luz de tu Pasión nos ilumine, la luz que brilla en ese misterio, en esa oscuridad.

 

Oh Jesús, sé tú nuestro maestro.

El que sigue tus huellas no caminará en las tinieblas.

Confiamos que nos darás tu luz para conocerte,

para amarte más,

para hacernos semejantes a Ti.

 

Yo te adoro, Jesús crucificado,

libro vivo, libro de la Pasión,

libro abierto de tu triunfo y de los triunfos de la Iglesia.

Enséñanos el lenguaje de tu cruz.

De esa cruz que siempre será escándalo, que siempre será locura.

Incluso a nosotros cristianos que queremos seguirte,

nos cuesta descifrar su lenguaje y recoger sus enseñanzas:

nos cuesta sobre todo, aprender a aplicarlas a la vida.

Sin embargo el lenguaje de la cruz es universal.

 

 Jesús, déjame mirarte y escuchar tu oración:

"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen";

"Hoy estarás conmigo en el paraíso";

"He ahí a tu hijo";

"He ahí a tu Madre";

"Tengo sed";

y al final de su pecho oprimido sale un grito:

"Todo está consumado. Padre en tus manos entrego mi espíritu".

Es el grito del triunfo del santo,

del triunfo de Cristo que ha vencido a las fuerzas del mal y que es glorificado por su Padre.

 

extractos de María, Madre en plenitud. 

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