NUESTRA SEÑORA DE LA VIDA     Instituto Secular
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  Testimonios

1.- En el padre María-Eugenio veía a alguien que se tomaba a Dios en serio, un alma transformada en “zarza ardiente”. Padre Vercoustre, dominico.

2.- El padre María-Eugenio enseñaba con su oración. Su cuerpo estaba en medio de nosotros, pero su alma estaba en conversación con Dios, en un silencio que lo protegía, en el que vivía un trato de amistad intenso con el Dios del que se sabía amado. Haberle visto rezar de este modo expresa lo que es la oración mucho mejor que bellos discursos.   Padre Louis Guillet, carmelita.

3.- Nos comentaba los Documentos del Concilio según iban saliendo. Para él era “la Iglesia en marcha”. Se alegraba por la Iglesia, deseaba caminar con ella, penetrar hasta el fondo en su pensamiento. Estaba convencido de que el Espíritu Santo era el alma del Concilio.  Jacqueline de Lamezan, miembro de Notre Dame de Vie.

4.- Tenía una visión universal, católica en el sentido pleno de la palabra.  Padre Albert, carmelita.

5.- ¿El padre María-Eugenio? Lo era todo para todos.      El electricista de Notre Dame de Vie

6.- El Padre María-Eugenio pasó delante de nosotros, inmerso en su oración y tuve entonces una impresión muy fuerte, de plenitud, de un hombre que estaba conversando con el Dios invisible. Un cierto temor respetuoso se apoderó de mí y un deseo profundo de compartir esa misma experiencia… Fue para mí un testigo de Dios. Lo fue entonces y lo sigue siendo ahora, pues al cabo de 19 años, su testimonio sigue siendo una llamada.   B.C. Carta de la Causa nº 2

7.- La primera vez que encontré al Padre María-Eugenio encontré a un padre en toda la acepción de la palabra. Tenía atenciones y delicadezas extraordinarias. Su caridad era realmente excepcional. Nos sabía hacer trabajar, estimulando las mejores energías de cada uno de nosotros, interesándose por todos y animándonos. Padre Valentino, carmelita

8.- Gracias por tu presencia en 1940: eras un simple teniente, silencioso, discreto, sonriente, radiante pero sin aureola (…) Gracias por haberte encontrado en mi camino de seminarista para animarme y enseñarme a orar. Un sacerdote.

9.- Tengo la foto del Padre María-Eugenio a mi lado, en un pequeño cartón junto a mi cama. Él me cuida durante la noche, protegiendo mi descanso de esos malditos sueños que me persiguen. El Padre María Eugenio se ocupó de mí cuando estuve en la cárcel. Estaba siempre a mi lado. He rezado mucho. Carta de un preso.

10.- Descubrí al Padre María-Eugenio a través de Quiero ver a Dios. tenía 22 años y era estudiante. Me aportó una explicación de la presencia y del amor de Dios a pesar de su silencio y de su aparente ausencia. El padre me dío a conocer a un Dios cercano, aun cuando, estando en medio de la noche y de la tempestad, no tenía de Él una experiencia positiva. Me explicó lo que estaba viviendo y me enseñó a vivirlo con paz. Espero llegar a ser uno de sus hijos, de esos hijos para los que pide el Espíritu Santo... Testimonio de Alain, publicado en la Carta de la Causa nº 14, pág. 13.

11.- Comprendí mejor que Dios estaba verdaderamente vivo, por el testimonio de su persona más que por su palabra. Comprendí que Dios actuaba, y que darle la vida no era construir la casa sobre arena. Citado en la Carta de la Causa nº 2.

12.- Tenemos que considerar el libro del Padre María-Eugenio, "Quiereo ver a Dios", como un clásico de la literatura espiritual del siglo XX. Después de casi medio siglo sigue siendo actual. Fue escrito poco antes del Concilio vaticano II y podemos decir que en cierto modo anticipaba sus enseñanzas. Cardenal Georges Cottier.

13.- Retomo continuamente "Quiero ver a Dios"; y en especial en los momentos de dificultad y de oscuridad, he encontrado en este libro un guía seguro, y en los tres capítulos que tratan de la noche del espíritu una esperanza renovada. T.M. Nueva Zelanda.

14.- Compré "Quiero ver a Dios" al final de un retiro en Notre Dame de Vie y empecé a leerlo maravillado. Desde entonces no dejo de retomarlo como el que vuelve a beber agua del manantial. Me ayuda mucho a permanecer orientado hacia Dios. Testimonio de un sacerdote, citado en la Carta de la causa nº 11.

15.- Con su visión penetrante de Santa Teresa del Niño Jesús, el padre María-Eugenio revela al mundo los tesoros que se esconden en ella, y que no solamos percibir porque nos parece muy delicada y sentimental. Sin el padre María-Eugenio no hubiera descubierto todavía lo necesaria y lo grande que es esta santa. N. Fernando, Filipinas.

16.-   Mi relación con el P. Mª Eugenio ha sido a través del conocimiento de sus hijas.

Estoy convencido, lo he experimentado, que heredamos mucho más de lo que imaginamos; heredamos de nuestros padres: gestos, giros lingüísticos, reacciones y cómo no, en ese bagaje entra también mucho de nuestro “ser” ante Dios.

Visité Notre Dame de Vie en febrero de 2007 y lo que más me impresionó fueron sus ratos de oración en la capilla en que está enterrado el P.Mª. Eugenio.

Me hospedaron en una de las habitaciones que está junto a la habitación en que el P. Mª. E murió. En esos días sentí su “vecindad”. Pronto descubrí un “corillo” desde donde recé mirando a la Virgen y mirando la sepultura del P. Mª. E

Ahí empecé a confiarle mis necesidades. Creo que es fácil como sacerdote intimar con otro sacerdote porque entiende claramente el corazón de pastor.

Volví a N D Vie en julio para el festival. Entre tanto, me había aficionado a leer su vida y él me llevó a sumergirme en Teresita (que aunque había leído hace años “Historia de un alma”, era una perfecta desconocida).

Mi relación con él se estrechó claramente, como un pacto, el 15 de agosto pasado.

Siempre me había llamado la atención el pasaje del Evangelio (Mc. 2, 1-12) de la curación de un paralítico que descuelgan de un tejado  y que Jesús cura por la fe de los que le llevaban. Me siento identificado con el paralítico y quise, ese día, poner nombres a mis camilleros; así lo hice: las “camilleras” de la cabecera son Sta. Bernardita y Sta. Teresita y los “camilleros” de los pies son el P. Mª Eugenio y el P. Pedro Reyero.

Elegí a Bernardita para que me recuerde que el Señor me ha elegido por mi pobreza; a Teresita para que me haga vivir el abandono propio de los hijos de Dios; al P. Pedro Reyero para que me enseñe a vivir en gratuidad y al P. Mª E… me lo he preguntado varias veces: ¿por qué elegí al P. Mª Eugenio?, creo que la respuesta sincera es porque entre él y yo hay, como se dice, “filin”.

 A los cuatro les pido todas las noches que al día siguiente me acerquen más a Jesús y, me apoyo en su “fe” y en su “santidad” para que el Señor cure mi parálisis. A cada uno le encomiendo algo y les pido que se me pegue algo de ellos.

En este “acercarme” al Señor de los camilleros, siempre me imagino al bueno de San José abriendo paso entre el tumulto para que me acerquen más y más al Señor; es el encargado de quitar los obstáculos, y en el tejado, quitando las tejas, para facilitar más la cercanía, a San Josemaría.

Puedo parecer algo “infantil” ¡es posible que lo sea!, pero cada noche sueño que el último encuentro sea así.

¿Dónde pongo a la Señora? Me la imagino cogiéndome de la mano, como cualquier madre junto a su hijo enfermo.

Esta es la historia de mis camilleros….

¡Ah!, y el P. Mª Eugenio me sorprende con “sus fechas”. Cuando en las obras que estamos realizando en la parroquia, nos conceden algo (permisos municipales, algún donativo) es un aniversario del P Mª E… ¡tengo que hacer lista de todas sus fechas!...

Doy gracias a Dios por la santidad de sus hijos.  

Carlos Alonso Núñez Parroquia San José Obrero Burgos

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